MUJERES Y REPÚBLICA

Que las mujeres han tenido un papel relevante a  lo largo de la historia es algo que no se puede negar, a pesar de que muchos, quizá la mayoría, de los libros de texto que componen la base de la cultura general que aprendemos durante nuestra etapa escolar, no sean un fiel reflejo de ello. Por eso, charlas como la que tuvo lugar ayer en el Centro Cívico de San José, bajo el título de “Mujeres y República” son gratamente edificantes y contribuyen a que no decaiga en el olvido la labor de estas mujeres, entre las cuales destacan cientos de aragonesas, que lucharon por defender sus derechos haciendo frente no sólo a sus enemigos, sino también a la frecuente incomprensión de sus propios compañeros.

 

El acto contó con la participación de nuestra concejala del barrio de San José, Carmen Gallego, que nos deleitó con una breve pero intensa descripción de la historia del barrio. Entre todo lo que dijo, me gustaría resaltar una frase tomada de la periodista Carmen Sarmiento que dice así: “Las mujeres son el sur de todos los nortes” vivan en el mundo que vivan.

 

A continuación intervino Carmen Alloza, Secretaria de Organización del Ligallo de Zaragoza de CHA que fue la encargada de presentar a las dos ponentes: Marisa Fanlo, Vicesecretaria General, y Josefina Musulén, gerente de CHA y miembro de la Asociación Amparo Poch.

 

Las dos hablaron de mujeres admirables, pero mientras Marisa se encargó de rememorar el nombre de muchas mujeres conocidas en mayor o menor medida por su participación en sindicatos y movimientos sociales, Josefina fue la voz de mujeres anónimas, de aquellas que no pudieron expresar su dolor y rabia porque fueron fusiladas o duramente acalladas por el régimen.

 

Muchas mujeres, entre las que se destacó a Amparo Poch, María Domínguez, Emilia Pardo Bazán, Teresa Claramunt, Clara Campoamor, etc. reivindicaron su derecho a participar en política, lucharon por sus derechos sociales, educativos, contra la dificultad de acceder al mundo laboral y poder así optar a una independencia económica.

Muchas de ellas se introdujeron en sindicatos, como la CNT o en movimientos libertarios, y lucharon por la reducción de precios de los productos básicos, por el sufragio universal, a pesar de que muchas de sus compañeras se oponían porque consideraban que la falta de formación académica les empujaría a votar a los conservadores.

Cada una de ellas contribuyó de una forma diferente a una causa común. Me gustaría resaltar el trabajo de Amparo Poch, quien como médica, ejerció una labor educativa encomiable informando a las obreras sobre sexualidad, enfermedades venéreas, temas tabú y que las hacía todavía más vulnerables.

Durante la huelga general de 1933, la CNT creó el comité revolucionario de Zaragoza que estaba compuesto de seis hombres y tres mujeres. Desgraciadamente, es muy difícil, por no decir imposible, encontrar información sobre ellas. Sabemos que una se llamaba María Castanera y que fue fusilada en el verano del 36, nada más comenzar la guerra civil española.

Muchas mujeres se unieron y organizaron una red para sacar a los republicanos de Zaragoza, y en lugar de huir ellas también, prefirieron quedarse arriesgando su vida por sus ideales. La mayoría fue encarcelada y fusilada.

Josefina habló de una mujer en especial, Julia Miravé, quien logró huir de la policía gracias a un disfraz de beata. Esta aragonesa se trasladó hasta Alicante donde se dedicó a falsificar salvoconductos franquistas. Se exilió a Toulouse y finalmente volvió a España en 1992, donde fue a parar a una residencia de la tercera edad. Sin embargo, seguía conservando su carácter indómito e inconformista, y logró reunir a varias de sus compañeras y juntas se fueron a vivir a un piso.

 

Pero la gran labor que ejercieron todas estas y más mujeres no pudo evitar los desastres de una guerra que dejó miles de familias rotas, rotas por el dolor de perder a un ser querido o por la angustia de no conocer el paradero de otros miembros que les fueron arrebatados para siempre sin ningún escrúpulo. El régimen se encargó de borrar cualquier rastro, por lo que hoy en día muchas familias continúan sin saber dónde están aquellos seres que perdieron injustamente. Familias que ven cómo la famosa Ley de Memoria Histórica sigue sin darles el apoyo que necesitan.

Muchas personas murieron en el intento, pero desde aquí lanzo mi mayor apoyo a todas aquellas que siguen con la esperanza más viva que nunca de recuperar aquello que es suyo y que un día les fue arrebatado por los verdugos del franquismo.

 

Animo y mucha suerte

 

1 Respuesta hasta ahora »

  1. 1

    MMirave escribió,

    Me gustaría rectificar la información que aquí se da sobre Julia Miravé, porque no se ajusta a la realidad. Julia era tía directa mía, hermana de mi abuelo, y además la persona que crió a mi padre en Francia durante su primera infancia. Vivió en Francia hasta 1992 tal y como dice el texto, y regresó a España dónde estuvo una etapa viviendo con su familia, luego pasó vivir a una residencia fuera de la ciudad, y ciertamente no le gustó porque como se cita, tenía un caracter muy independiente y para ella era importante tener la libertad de la que desgraciadamente fue privada en su juventud. Era un mujer de caracter decidido, de acción directa y se empeñó en buscar un sitio dónde pudiera tener un vida libre, acondicionado a su edad y cerca de su familia. Fue un gran acierto porque cada día pudo venír a casa de mis padres, y fuimos afortunados del legado de lucha y libertad que nos dió.
    Si quieres información veraz sobre Julia, mi padre Miguel Miravé estará encantado de dartela, sin duda es quien más y mejor la conoció.


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