En esta semana que está a punto de terminar, hay que añadir dos mujeres más a la triste lista de víctimas de la violencia machista.
La última esta misma madrugada en Torà (Lleida). El hombre que la agredió ya ha sido detenido por los mossos de esquadra.
El martes una mujer fue cruelmente asesinada en Vilafranca del Penedès a manos de su ex pareja, quien después de cometer el crimen decidió suicidarse. Y digo yo, ¿por qué no se habrá suicidado antes?
Al día siguiente, otro energúmeno que había asesinado a su novia, María del Rosario Peso, e intentado matar a su ex mujer, quien afortunadamente no se encontraba en su domicilio en el momento en el que el hombre fue en su busca, apareció ahorcado en su celda de la cárcel de A Lama (Pontevedra).
Además del hecho criminal en sí, lo peor es el trato que en ocasiones reciben las víctimas en los medios de comunicación, por miedo, quizá, a resultar demasiado explícitos. Hoy, por ejemplo, en un periódico aparece la noticia así “UNA MUJER de unos 40 años murió…”, ¡No ha muerto, ha sido asesinada! Una persona puede morir de enfermedad, de un accidente, de forma natural… pero cuando te clavan un puñal, te tiran por la ventana o te rocían con gasolina, eres asesinada. Hay que llamar a las cosas por su nombre.
En otras ocasiones, la información convierte a la víctima en verdugo, cuando se dice que si “había vuelto con él”, “si había retirado la denuncia”… transformando la noticia en su contra, en contra de la inocente.
Y ya basta de identificarlas con un número, como se hacía en los campos de concentración con los reos. Son mujeres con nombres y apellidos, con una historia a sus espaldas, unas mujeres cuyo único delito fue enamorarse de la persona equivocada y pasar miedo. No es fácil sufrir insultos y vejaciones diariamente, vivir con pavor y decidir un día a poner una denuncia en la comisaría. Hay que ayudarlas, porque solas no lograrán salir de ese agujero que las va arrastrando hacia un callejón sin salida.
Y las autoridades deben poner más atención y asegurarse de que los medios que ofrecen a estas mujeres (el sistema de localización GPS) funcione correctamente, ya que no se les puede utilizar como cobayas para comprobar si un medio de protección sirve o presenta deficiencias.
¡Basta ya! ¡Ni una sola víctima más de la violencia machista!


