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Los niños no vienen con un manual debajo del brazo

 

              Educar a un niño no es fácil. No es fácil ni para los progenitores ni para el profesorado, pues requiere grandes dosis de paciencia, de empeño y esfuerzo, cualidades que no siempre nos acompañan. Una amiga me recomendó hace tiempo un libro de Lucía Etxebarria y Goyo Bustos titulado El club de las malas madres. Ahora que ya lo he terminado puedo afirmar con rotundidad que es uno de los mejores libros que he leído en mi vida (no sé si con 26 años se puede decir que haya vivido mucho, pero ahí lo dejo).

Al contrario que otras obras escritas por importantes psicólogos o pedagogos, que basan sus afirmaciones en teorías científicas, muchas de las cuales se contradicen de un experto a otro, sobre educación, este libro refleja la experiencia de una madre y de un profesor de primaria. No tiene mayor pretensión que esa, contar experiencias vividas personalmente o por personas cercanas a ellos y las conclusiones que de ellas han obtenido.

             A raíz de fenómenos como la generación Ni-Ni, los niños de la llave, el botellón o el fracaso escolar, han surgido muchas preguntas acerca de si es correcta la manera en la que se está educando hoy a los niños. Por supuesto que estos fenómenos no afectan a todas las familias, pero si es cierto que la sociedad ha cambiado y quizás no hayamos sabido cómo adaptar esos cambios a la formación de los menores.
Al igual que no se puede educar en las escuelas como hace 50 años, tampoco se puede criar a los hijos como antaño, y muchas personas se sienten frustradas por no manejar mejor las circunstancias.

La primera pregunta que plantea la autora es: ¿Existe la madre perfecta? Señala la actitud crítica que las amas de casa muestran hacia aquellas madres que trabajan fuera de ella, y la de éstas que se indignan al ver que hay mujeres que prefieren dedicarse al cuidado de la casa y la familia en lugar de disfrutar de un trabajo remunerado. La verdad es que las dos pueden ser unas madres excelentes o desastrosas. La capacidad de educar y de ocuparte de tu hijo no depende de dónde desempeñes tus otras tareas.

El tercer capítulo se centra en la infancia, una etapa fundamental para el desarrollo de los peques. Muchas personas tienen tendencia a subestimar la capacidad de los niños a entender las cosas y a razonar si se les explica bien. Cúantas veces se recurre al: ¡Hazlo porque lo mando yo y punto! De esta manera el niño aprenderá a obedecer pero desconociendo que quizá aquello que se le pide es lo mejor para él. A menudo también se recurre al bofetón. Tampoco es difícil encontrar a alguien que te diga: Una buena hostia a tiempo no le habría venido nada mal. En ese caso el niño obedecerá porque el que le ordena es más fuerte que él, así que en cuanto encuentre a otro individuo más débil recurrirá al mismo método.

El niño es capaz de entender las cosas si se le explican bien y si a pesar de todo insiste en hacer lo que quiere, hay que recurrir al castigo, pero nunca a la violencia, aunque sea la manera más rápida y eficaz (sólo en el acto mismo del conflicto) de lograr que te haga caso. Además la actitud que mostrará hacia ti no será de respeto, que muchos creen, sino de miedo, y no habrá aprendido en absoluto la lección, pues en cuanto tú no estés delante para soltarle una torta, hará lo mismo que le habías prohibido o, tal vez, cosas peores.

               Hoy en día se le da mucha importancia a los bienes materiales. Muchos progenitores se preocupan de que a sus hijos no les falte de nada: un buen colegio, ropa por doquier, una bici último modelo, la videoconsola, el televisor en su cuarto, el ordenador, las vacaciones, intercambios en el extranjero… De esta manera se intenta cubrir mediante bienes materiales la falta de cariño y de tiempo que dedican a sus retoños. Se le da todo, pero no se le enseña qué uso darle a las cosas. El niño, por iniciativa propia, no aprende cuánto rato debe utilizar el ordenador ni qué páginas web consultar, no va a apagar la tele cuando emitan un programa no apto para su edad, necesita que un adulto responsable le diga qué hacer. Aunque a nadie nos gusta que nos renieguen ni nos prohíban hacer algo que nos gusta, muchos niños ven en la actitud pasiva de sus padres desinterés y desatención.

Cuando era adolescente me fastidiaba mucho que mi madre me estuviera esperando en la ventana cuando llegaba a casa un sábado por la noche, porque me daba vergüenza que mis amigos pensaran que era una niña mimada o algo así. Aunque ahora he comprendido que a mi madre le daba miedo que tuviera que cruzar sola una calle peatonal por donde a esas horas no había ni un alma, y que pudiera salirme alguien de detrás de un matorral o una columna. Esas cosas se aprenden con los años. Sin embargo, es cierto que aunque me fastidiara aquello, sabía que lo hacía porque me quería y porque se preocupaba de que pudiera pasarme algo malo.

Es imprescindible que los padres establezcan una buena comunicación con los hijos. Estos deben sentir que pueden contarles todo y que éstos estarán siempre dispuestos a escucharle y aconsejarle, y que son capaces de dejar otras cosas que estén haciendo para atenderles. Es imprescindible también establecer un horario desde que nacen, pues el niño necesita orden que le proporcione estabilidad y seguridad.

Para todo esto lo fundamental es dar ejemplo. No se puede exigir a los hijos que se ajusten a unos horarios, que tengan su habitación recogida, que no olviden los materiales escolares en casa, que coman de todo, etc., si los padres no lo hacen. Para ellos sus padres son el modelo a seguir y muchas de las cosas que hacen las hacen precisamente por imitación (aunque no siempre): es más probable que un niño ame la lectura si ve que sus padres leen y además disfrutan, un niño apreciará la higiene diaria si sus padres se asean todos los días (Lucía cuenta que a menudo se baña con su hija, no sólo para ahorrar agua, sino porque es un momento precioso para pasar con ella), un niño comerá todo lo que le pongan en el plato si sus padres también lo hacen…

Uno de los capítulos más interesantes (no quiero decir con esto que los otros no lo sean) es el que trata sobre el modelo de sociedad que se les inculca, consciente o inconscientemente, desde chiquitines. Lucía afirma que hay muy pocos cuentos que le gusten, porque la mayoría (Blancanieves, Cenicienta, y alguno moderno que no recuerdo) muestran un rol femenino anclado en el pasado. Ella cuenta que cuando le leyó a su hija el cuento de Cenicienta, éste no terminó en la boda, sino que después Cenicienta trabajaba fuera del castillo mientras el príncipe se ocupaba de los hijos y de las tareas domésticas. Es otra manera de ser felices y comer perdices.
Además de los libros y las pelis están los juguetes, otra manera infalible de perpetuar los roles de siempre. Aunque tu intentes que a tus hijos no les guste tal o cual juguete (ella aborrece las Barbies, como una servidora) es inevitable que un día tu niña quiera una porque todas sus amigas tienen una (o dos, o tres). O le compres a tu hijo una cocinita si te ve cocinar y le gusta, y después deje de jugar con ella porque en el cole los otros niños se ríen de él. Uno no puede, a veces a nuestro pesar, vivir al margen de la sociedad que nos rodea. Cita el nombre de unas muñecas, las Bratz (al parecer muy famosas) cuya indumentaria no es precisamente la que llevan las niñas que juegan con ellas, sino que más bien, se asemejan a Julia Roberts en Pretty Woman. Una manera de inculcarles el modelo estético que deben desear. Así es normal que haya niñas que con diez u once años estén deseando maquillarse, ponerse tacones, minifalda, pantalones dolorosamente ajustados, y no precisamente para jugar en casa a disfrazarse (cosa que hemos hecho todas, al menos yo) sino para presumir en la calle y en el colegio. Si la niña ve que su madre se preocupa más por su aspecto (el peso, la crema antiarrugas, la peluquería) que por su intelecto, seguramente ella mostrará las mismas inquietudes en el futuro.

                El último punto que me gustaría tratar, y también el más delicado, es el tema de la custodia en caso de separación o de divorcio. Ahora que está tan de actualidad la cuestión de la custodia compartida, los autores afirman que ésta no es viable salvo en caso de mutuo acuerdo y en parejas que terminan razonablemente bien. Porque en aquellos casos en que los progenitores se lleven a matar, los que más van a sufrir son los niños, que tienen que soportar cómo las dos personas que más quieren en el mundo, se insultan y actúan expresamente para causar daño al otro. Muchos progenitores de lo único que se preocupan en caso de divorcio es del dinero (la casa, la pensión) sin pararse a pensar que son bienes para el disfrute de los hijos.

Todavía hoy son las madres las que en su mayoría se quedan con la custodia, y ¿por qué? Pues por la sencilla razón de que siguen siendo las que acuden a las reuniones del colegio, las que llevan al niño al médico, las que se ocupan de las comidas, el baño, los deberes… Goyo, que como he dicho anteriormente es profesor de primaria en un colegio, afirma que la gran mayoría de las personas que van a las tutorías para hablar con él son las madres, y Lucía, cuando va al médico con su hija, o al parque, o al cumpleaños de alguna amiga de la niña, siempre coincide con madres, casi nunca con padres, lo cual demuestra que en un alto porcentaje de casos son las mamás las que mejor pueden ocuparse de sus retoños en caso de divorcio. Esto tampoco es bueno para ellas, porque al tener que ocuparse solas de sus hijos (las visitas del padre son cada 15 días) no pueden invertir más tiempo en ellas, en realizar cursos para poder acceder a una promoción en el trabajo, en quedar con sus amigas, en hacer deporte. En un mundo ideal, las parejas no se divorciarían, y si lo hicieran lo harían tan amistosamente que los dos conservarían la custodia de los hijos. Desgraciadamente no vivimos en un mundo ideal.

              

A pesar de la extensión del texto, ésto no ha sido más que un pequeño resumen de lo que se cuenta en este maravilloso libro. Tanto l@s que estéis de acuerdo con los análisis planteados, como l@s que no, os recomiendo que leáis el libro. A mí no sólo me ha enseñado muchas cosas, sino que además me ha entretenido sobremanera, me ha emocionado y me ha hecho reír con algunas de sus divertidísimas anécdotas.

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CHArlas sobre mujeres

Con motivo de la celebración del 8 de marzo, Día Mundial de la Mujer,  desde la Secretaría de Mujeres de Chunta Aragonesista y la Asociación Amparo Poch  se están realizando una serie de charlas-coloquios sobre diversos temas que conciernen a las mujeres.

El pasado 4 de marzo tuvo lugar en la ciudad de Jaca una charla impartida por nuestra Presidenta, Nieves Ibeas, quien hizo un análisis sobre la conciliación de la vida laboral y familiar, un trabajo arduo, todavía hoy, para la gran mayoría de las mujeres. 

El día 6, en Boltaña, Marisa Fanlo, vicesecretaria general de CHA, y Josefina Musulén, miembro de la Amparo Poch, se encargaron de la charla “Las portadoras de sueños: mujer, República y memoria”, un repaso exaustivo por la historia del feminismo.

 

Estas mismas ponentes, serán las encargadas de impartir la charla que lleva por título “Mujeres y República” esta tarde día 10 en Zaragoza, más concretamente en el Centro Cívico Teodoro Sánchez Punter (Plaza Mayor de San José) a las 19 horas.

 

Por último, que no en último lugar, el barrio de Delicias acogerá una charla a cargo de Pilar Martín, trabajadora social y militante de CHA-Delicias, sobre “Mujer, trabajo y familia”, que comenzará a las 20 horas y que tendrá lugar en la sala de Plenos de la Junta de Distrito (C/ Mompeón Motos).

Y esto es solo el principio.

         conciliacion

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COMO DIOS MANDA

Hoy se han concentrado cientos de personas de todo el Estado español en la plaza de Colón de Madrid (esa que tiene una bandera mu grande, más o menos como la que tenemos en Zaragoza al lado de la estatua del Justicia, para que nos entendamos) con el objetivo de celebrar la Fiesta de la Sagrada Familia y reivindicar así el papel fundamental que tiene en nuestra sociedad la familia cristiana tradicional: el padre, la madre, los hijos (cuantos más mejor) y el Espíritu Santo, Amén.

 

Y es que la iglesia ya no sabe qué hacer para no seguir perdiendo los pocos fieles que le quedan. Y no estoy hablando de las personas creyentes, cada uno tiene pleno derecho de profesar la religión que desee y de creer en Dios, sino de aquellas personas que escudándose en una moral retrógrada se atreven a afirmar qué tipos de familias son respetables y cuales no. Es la mayor muestra de intolerancia que he visto jamás.

 

Afortunadamente, vivimos en una sociedad que camina hacia el futuro; lentamente sí, pero una sociedad que poco a poco va superando todos esos prejuicios que sólo sirven para mantenernos anclados en el pasado. Hoy disfrutamos de leyes y derechos que nos permiten llevar la vida que deseamos: podemos alojarnos en un hotel con nuestra pareja sin necesidad de presentar el libro de familia, podemos casarnos con la persona que amamos, aunque ésta sea de nuestro mismo sexo, gracias a los avances de la ciencia una mujer puede ver realizado su sueño de ser madre a pesar de no tener pareja o que ésta no sea varón, etc.

 

Hoy existen tipos muy variados de familias y todas igual de respetables, bueno, excepto aquellas en las que uno de sus miembros maltrata, insulta, somete o impone sus reglas a otro u otros de sus miembros, por muy cristiano que sea. Cada un@ es libre de formar la familia que desee con plena libertad, sin tener que soportar las miradas y las críticas de reaccionarios meapilas.

 

Me gustaría terminar mi artículo con el famoso refrán que dice “Tu libertad termina donde comienza la mía” e invitar así a mis lectores a que hagan una profunda reflexión sobre las cosas que realmente importan en la vida.

Deberíamos preocuparnos más en ser felices y hacer felices a los que nos rodean y dejar al prójimo en paz que antes se ve la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.

 

FELICES FIESTAS

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