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Los hombres siguen teniendo miedo al placer sexual de las mujeres

               Una lectora del blog me ha pasado este enlace, el cual me parece interesante subir en estos momentos, dado que en 6 días se conmemora el Día Internacional contra la mutilación genital femenina. Nunca podremos alcanzar una igualdad real si se nos niega nuestra capacidad y necesidad fisiológica del placer sexual y si se nos obliga desde pequeñas a ocultar nuestro cuerpo y a avergonzarnos de él como está pasando en muchos lugares del planeta.

Hace un año colgué en mi blog un artículo con toda la información que pude encontrar sobre el tema, así que este año en lugar de palabras, me quedaré con las imágenes, pues ya se sabe que «una imagen vale más que mil palabras». Para todas las que queráis más información podéis ir a los archivos de febrero de 2009.

Terminaré esta pequeña introducción al vídeo afirmando que cada día estoy más agradecida a mi madre por haberme parido MUJER. Ojalá algún día todas las mujeres del planeta puedan decir lo mismo.

 

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CONTRA LA MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA

Hoy 6 de febrero se conmemora el Día Mundial contra la Mutilación genital femenina, una lacra que sufren millones de niñas desde hace siglos y que todavía hoy está lejos de ser erradicada.

 

No se trata de una práctica ligada a la religión musulmana como much@s se atreven a afirmar, utilizando este argumento con fines racistas y xenófobos. Su origen es mucho más complejo e incierto.

La ablación, como se conoce comúnmente la mutilación genital femenina, parte de un ritual de iniciación a la edad adulta practicada indistintamente por musulmanes, cristianos, y animistas de ciertos países de África y de Oriente Medio.

Realizan dicha intervención parteras o curanderas del lugar, sirviéndose de herramientas no muy ortodoxas, como cristales, cuchillos oxidados o cuchillas viejas de afeitar y sin ningún tipo de anestesia ni calmantes para el dolor. Muchas niñas mueren desangradas o víctimas de infecciones durante las semanas posteriores a la intervención, y las que logran sobrevivir, padecen infecciones de orina constantes, dolores de por vida, dificultades en el parto, incluso la muerte del bebé, formación de cicatrices fibrosas y, por supuesto, falta de relaciones sexuales satisfactorias.

 

Existen varios tipos de ablación. La más agresiva es la denominada «infibulación o circuncisión faraónica«. El procedimiento consiste en la extirpación del clítoris, de los labios menores y mayores. A continuación se cose lo que queda y se deja exclusivamente un pequeño orificio para orinar y para la menstruación.

 

Aunque algunos países han modificado sus leyes y han declarado ilegal esta práctica, se siguen realizando intervenciones de manera clandestina. No es tarea fácil acabar con una tradición tan arraigada, pues son muchas y muy variadas las razones en las que se justifican las personas que apoyan esta práctica.

 

Por un lado, existen razones de limpieza y de higiene. En algunas sociedades las mujeres que no han sido mutiladas no pueden acarrear agua o preparar la comida porque no son puras. Se considera que los genitales femeninos son «feos» y «sucios», y por ello es necesaria su extirpación. Incluso hay tribus donde existe la creencia de que si el clítoris no se elimina crece como el órgano sexual masculino, o que si llega a tocar el pene del hombre, éste morirá.

 

Existen también razones de salud: algunos pueblos piensan que la mujer infibulada es más fuerte contra las enfermedades y puede dar mejor a luz. Incluso hay lugares donde se cree que la que no pasa por esta experiencia no puede tener hijos.

 

Aunque las razones fundamentales son evidentes: privar a la mujer del placer sexual, someterla al marido y reducir la posibilidad de que mantenga relaciones extramatrimoniales. Argumentos misóginos que demuestran el miedo y la inseguridad que sienten los hombres. Si la mujer carece de deseo sexual, se reducen las posibilidades de que busque el sexo fuera del matrimonio, con lo cual el honor de la familia está a salvo. En muchos casos, se considera que sólo el hombre debe sentir el placer sexual, por lo que aquellas mujeres que no han sido circuncidadas lo tienen muy difícil para contraer matrimonio.

 

Cuando se presenta un caso de tal calibre en nuestro país, debemos hacernos una pregunta fundamental: ¿Es legítimo respetar una costumbre cultural aun cuando atenta contra los derechos humanos?

Los primeros casos aparecidos en Europa dejaron perplejos a los pediatras y ginecólogos, que no sabían muy bien cómo actuar: si denunciarlo a las autoridades o mostrarse tolerantes ante una tradición cultural diferente a la nuestra.

En la actualidad ese dilema ya no es posible.

 

Muchas organizaciones trabajan duro para erradicar esta práctica. Porque el problema no radica únicamente en la intervención es sí misma, sino en las razones en las que se basan las personas que la defienden. Por mucha información que se les dé a las familias, es extremadamente complicado acabar con unas creencias y tradiciones tan arraigadas. Aunque bien es cierto que lo último que debe hacerse es tirar la toalla.

Por eso hay que apoyar al máximo a todas las organizaciones que luchan cada día para que millones de mujeres recuperen la autoestima y no vuelvan a avergonzarse de su cuerpo, ni de sus sensaciones y deseos.

 

Para que, al fin, puedan sentirse orgullosas de haber nacido mujer.

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